ContemplArte

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Cuando un viernes se convierte en domingo

Extraña sensación y angustiosa a veces, cuando durante todas la semana ansias con afán la llegada del viernes glorioso, el día en el que dejas de lado el trabajo, los estudios, la familia, y sales a divertirte, emborracharte, mojar, reír o simplemente al cine. Es el día "del señor" de a pie, el momento de las jornadas en el que al fin llego lo que esperabas, el OCIO.
El ocio el cual lo hemos conseguido a base de trabajo para poder disfrutar de el, del ocio en nuestro tiempo libre, pero al mismo tiempo alguien trabaja para suministrarnos ese ocio por lo que se hace el NEGOCIO del ocio. Puede que quizás no nos demos cuenta si no trabajas en esto, pues en el momento de éxtasis, efervescencia y disfrute no recapitulas información adicional a la que vas predispuesto.
El problema es que por lo general disfrutamos del viernes, que en realidad no es jornada festiva y el domingo, que normalmente lo tenemos libre "todos y todas" nos parece el día más triste del mundo. El día en el que descansas, en el deseas que llegue el lunes, en el que si no es soleado la has cagado, y en el que para muchos aprovechamos para estar con la familia.
Pues bien, cuando un viernes se te convierte en un domingo es una putada, porque todo el mundo disfruta menos tu, que mañana curras, porque quieres hacer algo, pero tu interior te dice que no, y tus colegas misteriosamente no existen. El caso es que preveo el domingo como un viernes, con la excepción de que para mi será viernes y para el resto otro domingo más.

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