Mis dos grandes obsesiones son el tiempo y el transcurso de este, es decir... los sitios que pisas durante un momento y quizás no vuelvas a verlos jamás.
Por esa obsesión, unos de mis proyectos en curso son las fotografías de lugares desolados que algún día visité.
Sitios que al fin y al cabo están creados por el hombre y destinados para el hombre, como objetos que intentan suplir una necesidad pero que realmente no podemos definir si se creo antes la necesidad o el objeto, una metáfora más que evidente del huevo o la gallina
Lugares que diariamente son espacios donde compramos, repostamos carburante, conducimos nuestros vehículos o pasamos nuestros días. Lugares que solo nos llaman la atención verdaderamente cuando están desolados y desiertos, cuando llega ese momento del miedo.
Creo que no hay mejor forma de describir dicho sentimiento que fotografiando. Lugares que por unos instantes, fugaces, te sirven para continuar tu travesía y que ellos, lo más seguro que permanezcan ahí.
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